pues eso, que el jueves compré entradas para ir con Eva, a quien le gustan los conciertos en general y los macroconciertos en particular. Entradas compradas a última hora, supuesta zona VIP, casi 200 euros por barba.
En la zona vip hay dos tipos de vips, los que no han pagado, o sea, los de verdad, que además de no pagar tienen un bar a su disposición, y los vips de pastel, nosotros, que no podíamos ir a ningún bar, ni gratis ni de pago. Los de los asientos de la plebe, sin embargo, tenían a unos tipos con mochila paseando y vendiendo cervezas.
Más o menos a la hora que corresponde sale Madonna. Como el estadio es tan grande, solo la vemos de verdad en las pantallas que ineludiblemente recorren el escenario. No me sé ninguna canción, y nadie canta ni baila, excepto cuando empiezan a sonar canciones de Michael Jackson, que ponen a todo el mundo a moverse. Acaba Michael Jackson, vuelva Madonna y el aburrimiento.
Entiendo que la zona en la que estábamos, llena de vejestorios y de celebrities de tercera y la Infanta Elena, no iba a ser el sitio más animado del mundo, pero es que parece que la parte de abajo, la de los verdaderos fans que saltan y bailan, tampoco se lo está pasando muy bien. No se cantan las canciones, no se levantan los brazos, nada.
Madonna, supertransgresora ella, le da un morreo a una bailarina. Qué osadía, que tipa tan dispuesta a pasar de lo que piensen los demás, valiente e inteligente a partes iguales, ha conseguido que Eva y yo nos vayamos antes de la mitad del concierto.
Quedan detrás cuarenta mil personas a los que no les queda más remedio que decir que la reina del pop es lo más, pero sólo lo hacen porque cuesta caro ir a verla y nadie quiere quedar como un idiota, menos yo que no me importa. Esperemos que dentro de no tanto Madonna ocupe el lugar que realmente le corresponde en la música, al lado de Michael Jackson.
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