llevamos un tiempo buscando a alguien para hacerse cargo de la administración de la empresa; un perfil de administrativo/a con excelente nivel de inglés, ganas y sentido común. Sueldo según valía, como reza la fórmula.
Como somos ciudadanos conscientes de la situación del país, hemos ido a la oficina del INEM que tenemos al lado de la oficina. Las colas de gente apuntándose al paro parecen decir que vamos a tener muchos candidatos. De hecho, la señora que nos atiende nos viene a decir que somos los únicos que han venido a ofrecer empleo en mucho, mucho tiempo.
Dos semanas después de ese día, nos ha llegado un solo curriculum, de una mujer con la que quedamos para hacer una entrevista a las doce del viernes. Ella llegó a las dos menos cuarto, no pìdió disculpas por llegar tarde, ni dio explicaciones de su retraso, y lo primero que hizo fue preguntar por los horarios. Además, no sabía inglés.
Elena, que fue quien la entrevistó, no hizo lo que hubiera hecho yo, que es mandarla a su casa directamente. Sin embargo, me imagino a esa mujer, enfadada con el mundo y con su empresa anterior. Dirá que su jefe le tenía manía, que la echaron para contratar a alguien más joven que cobraría la mitad, que el mundo era injusto y que sus derechos habían quedado pisoteados.
Yo, sin embargo pienso que, excepto en el caso de que su empresa haya tenido que cerrar, la han despedido por preocuparse más de los horarios que del trabajo, más de llegar un poco tarde o escaquearse que de ser útil y servir a quien le pagaba.
Yo he trabajado con muchísima gente así, a la que la vida, creían ellos, les debía algo. La vida y la empresa o el jefe. Les debían sin haber ellos dado nada a cambio.
Estoy seguro de que ninguno de los que lee esto es de esa manera, pero de verdad espero que en esta crisis la gente aproveche para largar a esos personajes y les enseñen una lección. Aunque la verdad, dudo que la aprendan.
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