Cada día me pregunto qué pasará el día que a un político en activo, el que sea, le pregunten algo de lo que no sepa nada y no se lance a responder con una frase del tipo 'el Gobierno está trabajando intensamente sobre (póngase lo que se desée, pero por ejemplo, el problema generado por los virus informáticos en las plataformas de computación distribuidas o las tasas de colesteroles malos en el foie importado de Hungría) y no esperamos problemas destacables para la ciudadanía' y en su lugar responda lo que la gente lista contesta cuando no sabe algo, que es 'pues muchas gracias por avisarnos, vamos a ponernos manos a la obra y veremos lo que se debe hacer'.
La respuesta es que no lo vamos a saber nunca, porque es evidente que para dedicarse a la política hay que sumergirse hasta el cuello en un espeso caldo de mentiras que algunos, generosamente, llaman 'cinismo'.
Los políticos, en el poder o en la oposición, mienten. Ni saben de lo que están hablando en la mayoría de los casos, ni dicen la verdad cuando por algún error del destino sí saben de qué hablan, y cuando resulta que sí saben y no tienen por qué mentir, retuercen la verdad para plegarla a lo que les convenga. Véase la distinta interpretación, liberal en ambos casos, que hacen PP y PSOE de las cifras de contabilidad nacional o las del paro, que parece que las produce algún ministerio argentino de esos especializados en mentir al pueblo.
Y yo no sé vosotros, pero yo empiezo a estar hasta las narices. Deseo ardientemente que los Camps, Costas, Chaves y demás especímenes se callen para siempre jamás y unos cuandos López, Peláez o quien sea, se haga cargo de la situación y nos hable con un poco de humildad y ganas de explicar lo que pasa y cómo se solucionan las cosas.
Y aparte de estar hasta las narices, no encuentro una manera de expresar lo que siento por unos cauces que hagan que estos sujetos se den cuenta de lo hartos que estamos yo y muchos como yo, porque el sistema que se han creado ellos mismos los perpetúa en el poder para siempre jamás. A lo mejor van a tener razón los revolucionarios.
Venga Juan, anímate, afíliate a un partido politico y empieza a cambiar las cosas desde dentro...No son tan malos ni tan mentirosos como a veces parece. En muchos casos la vida del político conlleva un gran esfuerzo y dedicación a su actividad, muchas horas, mucha capacidad para recibir críticas, a veces injustas... Aunque por otra parte, también es verdad que no hay prácticamente ningún político que deje la política voluntariamente (yo sólo conozco a uno). Saludos
Publicado por: Antoni Juaneda | 16/11/09 en 12:43
lo peor de la política es que está llena de gente aburridísima. Estoy seguro de que si se presentara a algo el difunto Tip, por ejemplo, seríamos muchos los que recobraríamos la ilusión
Publicado por: Cranston Snord | 17/11/09 en 15:27